Siguiendo con las indicaciones del El ser y hacer docente de la semana y luego de leer “La aventura de ser maestro” del profesor José M. Esteve he enriquecido mi primer trabajo y aquí lo pongo a consideración.
Bien ahora te platicaré sobre mi vida profesional, originalmente como ya he mencionado estudié ingeniería civil, cuando estaba en sexto semestre de mi carrera me casé y tuve la necesidad de incorporarme en el ámbito productivo, como en ese entonces también jugaba futbol americano, mis entrenadores me consiguieron una plaza administrativa en el CETis No. 8, no me dieron horas, ya que todavía estaba estudiando, sin embargo empecé a dar clases de dibujo técnico de adjunto con un profesor que le decían “el capi” porque era jubilado de la milicia y con él tuve mis primeros conocimientos sobre la forma de dar clases, y así inicio mi incursión en la docencia en 1980, al principio era fácil ya que sólo pasaba lista revisaba las láminas y convivía mucho con los alumnos pero el responsable de las evaluaciones y del grupo en sí, era el profesor.
Poco después, el profesor se jubiló también de la docencia y me quedé como titular de la materia por 9 años aproximadamente, es aquí tal vez cuando me identifico con el profesor José M. Esteve, cuando dice que “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”. Durante estos años terminé mi carrera, me dieron 28 horas y empecé a trabajar en un despacho de cálculo estructural. Después, con un maestro de la superior que también tenía su despacho, me quería titular y que fuera mi sinodal, sin embargo a raíz de los sismos del ’85 tuvimos mucho trabajo y por el momento no pude hacer mi examen profesional, empezaban las primeras computadoras aquí en la ciudad y se inició mi contacto, desde entonces con la informática, la mayoría de los diseños estructurales empezaban a hacerse en computadora, total que me titulé hasta marzo del ’87, en ese entonces me consideraba un profesor con el que se identificaban los jóvenes porque convivía mucho con ellos ya me había divorciado y eran como un consuelo a mis problemas, me invitaban a sus fiestas de 15 años y existía mucha comunicación y confianza, hasta entonces mi única formación docente era la que mis propias vivencias en mi carrera había tenido. Aún conservo amistades de esa época con alumnos de entonces y con quienes todavía recordamos aquellos tiempos. Afortunadamente nunca tuve la sensación de aburrimiento, ni ansiedad como lo menciona El profesor José M. Esteve en su ponencia. Empiezo a descubrir la docencia como una alternativa profesional con verdadera vocación y con la convicción de hacerlo con más profesionalización. Empiezo a sentir más que a elaborar una identidad profesional.
Es a principios de los 90’s cuando un director me invita a trabajar en el área administrativa y con la devaluación del ’94 me quedo sin trabajo en el despacho, intento trabajar por mi cuenta pero el ramo de la construcción fue de las más perjudicadas con dicha devaluación, entonces considero que empiezo a tener una mayor significación en la docencia ya que tengo acceso a más cursos y nunca dejo de dar clases aunque con menos grupos debido a los cargos administrativos, mis 28 horas se convierten en tiempo completo y hacemos del CETis No. 8 uno de los mejores planteles en el D. F., ya que empezamos a ser plantel sede del concurso de prototipos didácticos a nivel nacional de la DGETI y con ello muchos recursos académicos y de equipamiento para la escuela que es de mis primeras satisfacciones personales y por supuesto, no dejo de seguir asistiendo a cursos tanto de informática como de pedagogía en donde empiezo a entender que para dar clases debes ser un verdadero profesional, empiezo a comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. Tengo un hermano Lic. en Pedagogía con el que me apoyo mucho en libros, bibliografía y asesoramiento para seguir preparándome.
Ya en 1998 es cuando me invitan a ser promotor y luego subdirector del CETis 167 en Milpa Alta un plantel de nueva creación al cual cuando llegamos sólo era un terreno; participamos desde su construcción e iniciación de las primeras generaciones, sin dejar de dar clases ya que no había muchos recursos humanos y a pesar de ser directivos también formábamos la planta docente de la escuela, es ésta una de mis mayores satisfacciones, y es aquí cuando empiezo a disfrutar y vivir con gran pasión lo que mis alumnos descubrirán, sin embargo para llegar al plantel invertíamos más de una hora y era muy desgastante, aunado a cambios en las administraciones me regresé al CETis 152 donde actualmente trabajo y en donde considero que aplico la experiencia que he ido adquiriendo a lo largo de estos 28 años de labor docente y donde considero que el seguir estudiando es una actividad para toda la vida si queremos seguir vigentes en esta noble profesión.
Después de leer el archivo de la ponencia del profesor José M. Esteve me llama la atención o me identifico con las siguientes frases:
“Dedicar la vida propia a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir”.
Esto es, porque en mis clases y en mi vida cotidiana, antes de actuar procuro pensar en lo que hago y eso te hace sentir bien contigo mismo. Y el que pueda transportar “el hacer pensar y sentir” al aula con los jóvenes es un verdadero reto.
“Encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes”.
Aquí cabe lo que hago, aunque muchos consideren que 28 años son suficientes para saberlo todo, yo considero que tengo que seguir preparándome cada día para poder hacerle más sencillo a los jóvenes su encuentro con el conocimiento.
“La alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración a mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual”.
En este caso, lo mencionaba en mi relato “Cómo percibo mi docencia”, al mencionar que realizo mi actividad docente con mucho entusiasmo y aquí agregaría que con alegría, La alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración a mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Una de las mayores decepciones que he tenido a lo largo de los diferentes planteles y administraciones con las que he trabajado es que los que están “arriba” se olvidan de la parte académica y sólo se interesan en la parte política, también es como una regla que la mayoría de los docentes toman la actividad como un relleno a sus actividades y economías y no le dan el interés requerido, reflejado en la formación académica de los jóvenes y por lo que considero es el resultado de tanto atraso educativo en el país.
Bien ahora te platicaré sobre mi vida profesional, originalmente como ya he mencionado estudié ingeniería civil, cuando estaba en sexto semestre de mi carrera me casé y tuve la necesidad de incorporarme en el ámbito productivo, como en ese entonces también jugaba futbol americano, mis entrenadores me consiguieron una plaza administrativa en el CETis No. 8, no me dieron horas, ya que todavía estaba estudiando, sin embargo empecé a dar clases de dibujo técnico de adjunto con un profesor que le decían “el capi” porque era jubilado de la milicia y con él tuve mis primeros conocimientos sobre la forma de dar clases, y así inicio mi incursión en la docencia en 1980, al principio era fácil ya que sólo pasaba lista revisaba las láminas y convivía mucho con los alumnos pero el responsable de las evaluaciones y del grupo en sí, era el profesor.
Poco después, el profesor se jubiló también de la docencia y me quedé como titular de la materia por 9 años aproximadamente, es aquí tal vez cuando me identifico con el profesor José M. Esteve, cuando dice que “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”. Durante estos años terminé mi carrera, me dieron 28 horas y empecé a trabajar en un despacho de cálculo estructural. Después, con un maestro de la superior que también tenía su despacho, me quería titular y que fuera mi sinodal, sin embargo a raíz de los sismos del ’85 tuvimos mucho trabajo y por el momento no pude hacer mi examen profesional, empezaban las primeras computadoras aquí en la ciudad y se inició mi contacto, desde entonces con la informática, la mayoría de los diseños estructurales empezaban a hacerse en computadora, total que me titulé hasta marzo del ’87, en ese entonces me consideraba un profesor con el que se identificaban los jóvenes porque convivía mucho con ellos ya me había divorciado y eran como un consuelo a mis problemas, me invitaban a sus fiestas de 15 años y existía mucha comunicación y confianza, hasta entonces mi única formación docente era la que mis propias vivencias en mi carrera había tenido. Aún conservo amistades de esa época con alumnos de entonces y con quienes todavía recordamos aquellos tiempos. Afortunadamente nunca tuve la sensación de aburrimiento, ni ansiedad como lo menciona El profesor José M. Esteve en su ponencia. Empiezo a descubrir la docencia como una alternativa profesional con verdadera vocación y con la convicción de hacerlo con más profesionalización. Empiezo a sentir más que a elaborar una identidad profesional.
Es a principios de los 90’s cuando un director me invita a trabajar en el área administrativa y con la devaluación del ’94 me quedo sin trabajo en el despacho, intento trabajar por mi cuenta pero el ramo de la construcción fue de las más perjudicadas con dicha devaluación, entonces considero que empiezo a tener una mayor significación en la docencia ya que tengo acceso a más cursos y nunca dejo de dar clases aunque con menos grupos debido a los cargos administrativos, mis 28 horas se convierten en tiempo completo y hacemos del CETis No. 8 uno de los mejores planteles en el D. F., ya que empezamos a ser plantel sede del concurso de prototipos didácticos a nivel nacional de la DGETI y con ello muchos recursos académicos y de equipamiento para la escuela que es de mis primeras satisfacciones personales y por supuesto, no dejo de seguir asistiendo a cursos tanto de informática como de pedagogía en donde empiezo a entender que para dar clases debes ser un verdadero profesional, empiezo a comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. Tengo un hermano Lic. en Pedagogía con el que me apoyo mucho en libros, bibliografía y asesoramiento para seguir preparándome.
Ya en 1998 es cuando me invitan a ser promotor y luego subdirector del CETis 167 en Milpa Alta un plantel de nueva creación al cual cuando llegamos sólo era un terreno; participamos desde su construcción e iniciación de las primeras generaciones, sin dejar de dar clases ya que no había muchos recursos humanos y a pesar de ser directivos también formábamos la planta docente de la escuela, es ésta una de mis mayores satisfacciones, y es aquí cuando empiezo a disfrutar y vivir con gran pasión lo que mis alumnos descubrirán, sin embargo para llegar al plantel invertíamos más de una hora y era muy desgastante, aunado a cambios en las administraciones me regresé al CETis 152 donde actualmente trabajo y en donde considero que aplico la experiencia que he ido adquiriendo a lo largo de estos 28 años de labor docente y donde considero que el seguir estudiando es una actividad para toda la vida si queremos seguir vigentes en esta noble profesión.
Después de leer el archivo de la ponencia del profesor José M. Esteve me llama la atención o me identifico con las siguientes frases:
“Dedicar la vida propia a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir”.
Esto es, porque en mis clases y en mi vida cotidiana, antes de actuar procuro pensar en lo que hago y eso te hace sentir bien contigo mismo. Y el que pueda transportar “el hacer pensar y sentir” al aula con los jóvenes es un verdadero reto.
“Encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes”.
Aquí cabe lo que hago, aunque muchos consideren que 28 años son suficientes para saberlo todo, yo considero que tengo que seguir preparándome cada día para poder hacerle más sencillo a los jóvenes su encuentro con el conocimiento.
“La alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración a mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual”.
En este caso, lo mencionaba en mi relato “Cómo percibo mi docencia”, al mencionar que realizo mi actividad docente con mucho entusiasmo y aquí agregaría que con alegría, La alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración a mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Una de las mayores decepciones que he tenido a lo largo de los diferentes planteles y administraciones con las que he trabajado es que los que están “arriba” se olvidan de la parte académica y sólo se interesan en la parte política, también es como una regla que la mayoría de los docentes toman la actividad como un relleno a sus actividades y economías y no le dan el interés requerido, reflejado en la formación académica de los jóvenes y por lo que considero es el resultado de tanto atraso educativo en el país.
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